Trastornos ortopédicos en el niño con parálisis cerebral

Lidia Parra. Fisioterapeuta y co-directora de InterActúa

Una vez diagnosticada en el niño o la niña la parálisis cerebral, su desarrollo, en la mayoría de los casos, va directamente relacionado con el nivel de lesión que padezca.

Para las familias, llegar a esta valoración supone haber recorrido un «largo camino»  en el que interviene un equipo multidisciplinar ( médico, rehabilitador, traumatólogos, cirujanos, ortopedas, enfermeros, maestros, logopedas, psicólogos o terapeutas ocupacionales) y donde la figura del fisioterapeuta desarrolla un acompañamiento constante, ya desde el nacimiento de estos niños, así como en cada momento de su intervención terapéutica y educativa.

Lesión cerebral y trastorno ortopédico

El origen de la lesión se encuentra en el Sistema Nervioso Central, (SNC) esto hace que exista un desorden en la postura y en el movimiento. La lesión cerebral no aumenta, ni es progresiva, pero la aparición de trastornos ortopédicos hace que
las secuelas físicas y funcionales tengan un deterioro, debido a que la falta de control central  (SNC) condiciona una actividad muscular patológica, en la mayor parte de los casos cursando con espasticidad, hipertonía o hipotonia.

Esta desproporción muscular acaba afectando a unos músculos con espasticidad y a otros músculos con debilidad; lo que hace que el arco de movimiento articular, se realice favorablemente hacia la contracción del músculo espástico, produciendo una disminución progresiva del movimiento, un acortamiento muscular, contracturas y deformidades oseas.

Factores  más importantes que condicionan un trastorno ortopédico

  1.  La espasticidad o hipertonía de algunos músculos provocan, que las articulaciones tengan menor recorrido muscular dado que el movimiento articular irá siempre a favor de la función del músculo espástico.
    Por ejemplo: Si un niño tiene espasticidad en músculos isquiotibiales (flexores de rodilla), tendrá dificultades al sentarse en sentada larga, (sentado en la colchoneta con las piernas extendidas) o ponerse de pié,porque va a tener una resistencia muscular para extender las rodillas, por lo que va a tener  preferencia en adoptar posiciones que favorezcan dicha flexión como puede ser la posición de rodillas o la posición en w.
  2. La falta de movimiento activo en contra de posiciones viciosas.
    Por ejemplo: La falta de movimiento activo del cuádriceps (extensores de rodilla), hace que no tenga la fuerza suficiente para extender la rodilla y vencer la espasticidad de los flexores. Por este motivo, un niño con parálisis cerebralpuede  tener dificultades para estirar la rodilla cuando lo ponemos de pié, ante la dificultad en realizar una extensión activa.
  3. Posiciones inadecuadas mantenidas a través del tiempo  (posiciones viciosas). La falta de variabilidad postural lleva consigo el aumento de tiempo en posiciones de acortamiento muscular favoreciendo así la disminución del recorrido articular, como por ejemplo en niños que pasan poco tiempo de pié porque suelen permanecer sentados con las rodillas  flexionadas, o en «indio», en la silla o de rodillas sobre los talones o en w .
  4. La falta de adaptabilidad del músculo al crecimiento oseo. El crecimiento rápido lleva consigo la necesidad de movimiento muscular activo, dicha actividad se realiza en recorridos amplios para favorecer la elasticidad del músculo y la adaptación del mismo al crecimiento, lo cual es difícil que suceda cuando hay un músculo espástico o un músculo débil. Esto se suele agravar a lo largo del tiempo puesto que la falta de movimiento influye en la calidad de la fibra muscular.

La intervención fisioterapéutica debe de cumplir con un programa de tratamiento individualizado que curse con unos objetivos específicos para cada momento de la intervención, dichos objetivos se deben de ir modificando si las necesidades del niño y de la familia se modifican.

Aspectos a tener en cuenta en la intervención

  1. Mantener o mejorar la extensibilidad muscular de los grupos musculares hipertónicos o espásticos para así favorecer el mantenimiento de recorridos articulares y evitar o disminuir el riesgo de acortamientos, contracturas y deformidades.
  2.  Fomentar el movimiento activo de la musculatura debilitada en posiciones de máximo alineamiento articular para favorecer la función motora y la  adquisición de nuevos objetivos funcionales.
  3. Realizar un adecuado tratamiento postural. El niño debe de modificar su postura a lo largo del día, por lo que debemos de establecer un programa de tratamiento postural que lleve consigo posiciones de alineamiento tanto en el plano de la colchoneta, en sedestación o en bipedestación.
  4. Programar tutorías con las familias, educadores, cuidadores para enseñar el manejo motor del niño y mantener su mayor competencia motora en cada  momento del día y en el entorno.

No hay que olvidar que el niño aprende realizando actividades funcionales, es decir, cuando le da sentido a lo que aprende…. Si va a coger una pelota, el niño sube el brazo y extiende el tronco , al igual que se sienta y mantiene el tronco si la actividad le divierte o camina si va a chutar un balón, o para construir una torre se sube al bipedestador.

El fisioterapeuta pediátrico debe de saber, que el juego es la mejor herramienta para conseguir sus objetivos.

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